«Las fotocopias del Gokuh»

No sé cuantas generaciones pueden leer esto, alguna habrá caído aquí de rebote, y otras habrán sentido en sus adentros la llamada de la nostalgia. Les he tocado la fibra freak.

Aunque no tan freak. Corrían otros tiempos, aproximadamente en la decada de los ’90 (qué lejos suena eso de decada…) Dragon Ball, o Bola de Dragon (conocido en Catalunya como Bola de Drac) era algo nuevo, ni Heidi ni Heman. Empezaba a pegar muy fuerte entre la muchachada; tanto que, poco a poco empezó a crear escuela. La serie, emitida en las cadenas autonómicas no seguía el ritmo del manga (que a duras penas se empezaba a editar en castellano) y algunos privilegiados conseguían tener acceso a los tomos originales importados que siempre iban por delante de los capítulos (de hecho, lo que sigue pasando hoy en día). Entre fotocopia y fotocopia algunos teníamos la fehaciente creencia de que algún día dominariamos la técnica del Kame Hame Ha (Onda vital) a base de entrenarnos zurrándonos a base de bien.

Fue en ese momento cuando un nuevo mercado emergente se empezó a crear entre la juventud: El chanchullo de las fotocopias de Dragon Ball. La gente empezaba a fotocopiar las portadas y las páginas ampliadas en un A4, y éstas, se empezaban a mover mano en mano, hasta extenderse por todo el territorio nacional creando una nueva moda. Primero fueron las fotocopias en blanco y negro, que algunos visionarios «copisteros» recopilaban en álbumes donde a dedo las elegías y te las sacaban frescas y calentitas de la máquina. Más tarde llegó el color, pero eso sí, eran carísimas y a muchos la paga semanal se nos iba en reproducciones a tamaño A3. Algunos simplemente las coleccionaban, otros se dedicaban a calcarlas, y otros a «pinturrajearlas».

Las fotocopias no eran simples ilustraciones de los tomos, sino el primer atisbo de lo que hoy conocemos como spoiler. Al provenir la mayoría de ellas de material de importación, ilustraban episodios de la serie que aún no se habían emitido, y ese doble rasero, las convertía si cabe más aún, en un objeto codiciado. La cosa no paró aquí: esas mismas copisterías que disponían de álbumes de fotocopias empezaron a pensar en cómo sacarnos los pocos cuartos que rascabamos con algún sufi y raramente notable en Matemáticas. Fotocopias reducidas plastificadas en B/N, a color y fotocopias A4 plastificadas que a ojos de nuestra pasión infantil se convertían en verdaderos objetos de adoración. No faltaba tampoco la parte picantona: fotocopias donde se podía ver a Bulma y Gokuh en actos más bien íntimos (perdónales, Vegeta): Alguno se llevará las manos a la cabeza cuando lea: «Alárgate bastón mágico».

Suena raro decir en los tiempos que corren, que toda una generación de freaks en potencia se dedicaban a perseguir y coleccionar simples fotocopias, pero creedme que el fenómeno es hoy en día un efemérides en la vida de muchos.

  • Siiiiiiiii!!!! Yo era uno de ellos!!!! Me está entrando nostalgia, cuando llegue a casa tendré que buscar a ver donde estan…

    • ¿¿Las tienes? Si las encuentras comparte, que me molaría escanearlas y compartirlas! 🙂

      • Badakku

         Pues yo tengovarias pero las pornocopias no….si son esas las que querias, molaria que alguien las compartiera.

  • marcelo

    porfavor quiero copiar todos
    estos dibujos