Bésame ahora, que estoy conectado

Soy amante de la ciencia ficción, un apasionado de las space opera, de pequeñas grandes obras maestras como FireFly, y que cada noche sueño con ovejas que sueñan conmigo. No soy reacio al avance tecnológico, ni siquiera me escandalizé en cómo se imaginaban las relaciones sexuales en el futuro de Demolition Man (más debería teniendo a tiro de piedra a aquella joven Sandra Bullock), pero hay cosas por las que no paso, y tubos en la boca, solo los de cerveza con limón.

Aún más me parece inverosímil cuando el propio que lo presenta se está riendo de lo ridículo del mismo artilugio y de su actitud, que es japonés, por si no lo habíais notado (japón sí, nihon). La cosa en si es simple: Tú te metes un tubo en la boca, tu pareja conectada allá donde esté se mete el otro, y a «morrearos», dándole que te pego a la lengua, que aprovechando que es un músculo, la ejercitamos.

Venga va, no lo voy a negar, el concepto que hay detrás, en eso de transmitir un beso sin importar tierra y mar de por medio sigue siendo romanticón.

Visto en Maikelnai